Hace unos años subía la Avenida de Boavista acompañada por mis dos sobrinos mayores:
-Niños, ¿quién sabe que representa el águila que hay allí arriba?
-¡Son el Águila y el León de la Rotonda de Boavista!
¡Sonreí al pensar cuan cierta – y también cuan errada- era la respuesta!
El Monumento a los Héroes de la Guerra Peninsular fue proyectado por el arquitecto Marques da Silva y por el escultor Alves de Sousa. Su construcción, responsabilidad de la Cooperativa dos Pedreiros, se inició en 1909 pero no se inauguró hasta 1952, posteriormente al prematuro fallecimiento de Alves de Sousa, por lo que su finalización quedó a cargo de los escultores Henrique Moreira y José Sousa Caldas.
El monumento está dedicado a honrar a los héroes de la Guerra Peninsular, librada en el marco de las invasiones francesas, que se enfrentaron a Portugal, contando entonces con los ingleses como aliados, los ejércitos franceses de Napoleón Bonaparte, en el periodo de 1808 a 1814.
Esta parte no la sabían mis sobrinos, pero como su tierna edad no aconsejaba hablar de “guerras, acabé por explicarles que había un francés un poco malo que quería que en Portugal solo se comiese queso. Por esto pedimos ayuda a nuestros amigos ingleses … ¡y enviamos a los franceses al diablo con su queso! En ese momento no se me ocurrió mayor disparate, pero ellos recibieron la idea base correcta. Espero…
Compuesto por un pedestal de 45 metros de altura y rodeado de grupos escultóricos que representan escenas de artillería, en el monumento destaca la figura de una mujer, ¡la Victoria!, al frente del pueblo, empuñando en su mano izquierda la bandera nacional y en la derecha una espada. En la parte superior, una columna coronada por un león (símbolo de la bandera de Inglaterra) sobre un águila (símbolo del imperio de Napoleón), elementos que le dieron el nombre popular por el que se lo conoce.
Pocos se acuerdan de este cine, construido a principios del siglo XX y demolido a finales de los 40 para dejar paso a la actual calle de Ceuta.
“El silbido de los trenes, su traqueteo sobre el puente más allá del monte fronterizo, le decía las horas, le delataba la dirección del viento y el tiempo previsto para mañana”. Es así como nuestra Agustina se refiere a ese pulsante ruido cuando el tren rasga la ciudad. Es la paz pobre que se vivía en el fin de siglo. Estancadas las heridas de la nación, degradada por sucesivas guerras civiles, la modernización era el designio y el ferrocarril uno de sus principales símbolos.
El origen de los molinillos de viento no está claramente indicado en la historia, pero algunos historiadores creen que el primero nació en Persia durante el año 915 a. C. Otros creen que en Irak, Egipto o China hay indicios del uso de molinos de viento aún más remotos. Sin embargo, no fue hasta el siglo XII que los molinos de viento se introdujeron en Europa.
El puente Luís I, una de las estructuras más emblemáticas de la ciudad de Porto, fue construido en el siglo XIX y ahora se considera Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, a mediados del siglo XX, el puente comenzó a mostrar signos perturbadores de corrosión debido, en particular, al paso de la passagem do tranvía en el tablero superior del puente.

